¿En qué momento dejamos de enviarnos cartas? ¿Cuándo dejamos atrás la belleza de escribir a mano lo que se lleva en el corazón?

Los buzones siguen ahí, estoicos, deseando ser utilizados para algo más que para recibir facturas, impuestos y comunicaciones judiciales o gubernamentales.

¿No sería lindo recuperar la tradición de enviar cartas y postales a los seres que amamos? ¿De sacar a relucir esa letra bella que envidiaría el autor quien con su apellido bautizó al método Palmer de caligrafía? ¿De maravillarse en la oficina de correos con la belleza de las estampillas y sellos disponibles?

Ocasionalmente nosotras fantaseamos con dejar de lado la comodidad del e-mail para recuperar esas costumbres lindas de comunicación de nuestros antepasados. Soñamos con mandar un mensaje a una amistad del colegio o uno anónimo para hacer una travesura.

Nos emociona tanto el no saber cuánto se demorará la carta en llegar a su destinatario, el sentir mariposas en el estómago por la incógnita de la respuesta… Y así recuperar de nuevo ese loop que infinito de mensajes en vaivén que hasta merecerían un lugar en un museo importante.

Pronto nos pondremos manos a la obra para que esos buzones se pongan aún más amarillos de felicidad.

¿Y tú te animas a escribir a volver a escribir a mano y sorprender a alguien más?

Foto: @monicaurbinap

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