La creatividad es uno de los grandes motores para lograr que el mundo florezca, es la que empuja a la innovación, la que ofrece soluciones para mejorar la vida de la gente. Y dentro de nuestro corazón hippie creemos además que si la usamos bien es una de las vías más anchas para lograr que la humanidad sea más equilibrada y libre de prejuicios.

Para mostrar que su relevancia va más allá de la naturaleza infantil e incluso de las profesiones ligadas al arte, se sugirió que enero fuera declarado el mes de la creatividad.  Al parecer, la iniciativa fue del conferencista Randall Munson, quien se describe a sí mismo como un generador de cambios y consultor de ventas.  Es humorista, mago, payaso y ventrílocuo (faceta que nos encanta) y con su ingenio ha logrado sacar del aburrimiento hasta a quienes presenciaban instrucciones para el manejo de un software.  Puedes conocer su experiencia en su charla Ted “Reír.  Lo importante”.

La verdad es que nos parece encantador comenzar el año con un mes dedicado a la creatividad.  Para nosotras esto significa que teniendo una agenda nueva llena de objetivos por lograr, resulta muy oportuno valorar más esa capacidad compleja para enfrentar desafíos con herramientas novedosas, y que son producto de procesos únicos para cada persona. 

Porque lo mejor de la creatividad es que cada uno tiene su manera de inspirarse, de combinar, revolver o sintetizar estímulos y condensarlos luego en un todo novedoso y útil.  Ella es sin duda un proceso muy personal.

Así que todo esto implica una forma de rebeldía. Pensar fuera de la caja, romper reglas, ir contra la corriente, no ceñirse a nada y volcarse a ser uno mismo… estos son algunos de los requisitos para ser un creativo de verdad. 

Hay que volver a tener la soltura y la iniciativa de los niños pero aprovechando toda la experiencia y el conocimiento de la adultez: ponerle color, olor y sabor al proceso hasta que se encienda el bombillo, y de esta manera aportar elementos inéditos a la cultura, al desarrollo de la humanidad.

Randall Munson, así lo hizo, en su infancia soñaba con ser payaso, se graduó en ciencias de la computación y en algún momento dejó su carrera para volver a ser niño y convertirse en lo que siempre quiso: payaso.

Nosotras celebramos este mes jugando como en nuestra más tierna edad: nos recreamos y diseñamos mundos raros con todas las herramientas que tenemos a mano, cámara, lápiz, pinturas, tijeras, números, formas, flores, piedras y cualquier otro material que podamos modificar.  Esto nos sirve para establecer nuevas conexiones cognitivas y para tener a mano una biblioteca de inspiración activa que nos muestre distintos caminos en nuestro trabajo.

¿Y tú qué haces para estimular tu creatividad?

Foto: @martaelenagh

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